A vueltas con los pipis

arenero

Ay, otro día que me hago pis fuera del pipi-room. Ya no soy la que era. Mi organismo no funciona del todo bien. No sé si los humanos lo saben, pero los gatos tenemos un toque supersticioso cuando algo nos duele. Así si tenemos cistitis y meamos en la arena, asociamos el dolor con la arena… y nos buscamos otro lugar para vaciar nuestra vejiga. Como eso no funciona, vamos buscando lugares y lugares. Somos así. Nuestra perfección felina tiene flecos supersticiosos. Pero a ver qué humano se atreve a decirnos algo al respecto cuando sus supersticiones en torno a los gatos son sobradamente conocidas: pobres gatos negros… Y no hablo de otras muchísmos creencias donde nosotros no somos los protagonistas…

Vuelvo al tema: qué tiempos aquellos en los que mis pipis los hacía en el sitio correcto porque mi organismo funcionaba bien, a pesar de las torpezas y ensayos que he tenido que padecer. Cuando llegué a manos de mi humana, y por el revuelo que ya os comenté, decidió tenerme en su habitación, y ponerme allí todo lo que necesitaba. Pero no se le ocurrió otra cosa que poner el arenero al lado de la comida. ¿Pero acaso ella come en el retrete?. Todos los gatos tenemos nuestra rutina para hacer nuestras cositas, y la traemos prácticamente de fábrica: hacemos un agujero, miccinamos o defecamos, nos damos la vuelta y finalizamos enterrando lo que hacemos. Para esto necesitamos que la bandeja tenga un tamaño suficiente, y arena para poder urgar. ¡Imaginaos cómo saltaban los granitos hacia mi cuencos de comida y agua!

No tardó mucho en darse cuenta de ello, y me puso el arenero en el baño de la residencia: al final de un pasillo larguísimo.. Recuerdo nuestro paseos hasta llegar por fin al lugar adecuado. Se le pasó un pequeño detalle por alto: ese era un lugar transitado de forma continua por adolescentes que iban allí no sólo para su desahogo funcional, sino, gracias a los grandes espejos que decoraban el lugar, para ensayar peinados, maquillajes, bailes múltiples y variados… Total, que ni la Gran Vía un sábado por la tarde. ¡Que a una le gusta ir al baño tranquila!

Luego, al cambiar de piso, las cosas cambiaron y todo empezó a tener una disposición un poco más acorde.

El lío fue luego con la arena: cuántos sustratos hasta dar con el adecuado: aglomerantes, perfumados, pellets… Y la evolución del pipiroom: que si sencillo, ahora con reborde, ahora cerrado…

Yo lo tenía claro: si no me gustaba el sustrato: pues a toda máquina, no hacía la secuencia completa y si podía lo hacía desde la propia bandeja.  Si no me gustaba la bandeja, la verdad es que esto me ha ocurrido poco, pero entonces creo que me mearía fuera.  Porque ¿quién entraría en un lugar que no le gusta? Y ya, si está sucio… pues me buscaría un lugar alternativo. Eso le pasó a un gato amigo mío: estuvo solo el fin de semana y nadie le limpió la arena. Terminó buscando un sitio más limpio y más blandito: unas mantas, creo. ¿O eran las sábanas?

A veces me sorprende que esto no se entienda. ¿Es que a los humanos no les gusta tener su baño limpito, hacer sus cosas tranquilos y que puedan moverse dentro lo suficiente como para estar cómodos? Anda que no he oído yo cómo se quejan cuando van a algún lugar y el baño es pequeño, está sucio, sin papel, y se forman unas colas tremendas donde todo el mundo les mete prisa. En fin.

Ahora que ya soy mayor, agradezco que me pongan las cosas fáciles.  Pero recordad que vivo con dos perros y que no son muy escrupulosos a la hora de buscar aperitivos. Así que tuvieron que darle al coco para conseguir que mi bandeja estuviera en un lugar tranquilo, fuera de su alcance y con un dispositivo que me hace fácil entrar a mí, pero imposible a ellos y sus cabezotas trasteadoras y succionadoras.

Humano gatuno, recuerda:

  • Da igual que el gato sea macho o hembra: nuestra postura para miccionar y defecar son iguales: agachamos la parte trasera.
  • En general, nos gustan las superficies blandas, fáciles de excavar y absorventes
  • Realizamos siempre una secuencia completa: excarvan, miccionan o defecan, nos damos la vuelta y lo tapamos.
  • Hay que tener en cuenta el tipo de bandeja, el sustrato y la localización.
  • La bandeja tiene que tener un tamaño suficiente como para que entremos sin problemas y podamos dar una vuelta sobre nosotros mismos. La arena, unos 4-5 centímetros.
  • La mayoría de los gatos preferimos las bandejas sin cubrir, no demasiado altas y sin bordes, anque hay gatos que no tiene problemas para usar las cubiertas.
  • El lugar donde se sitúe la bandeja tiene que ser de fácil acceso, tranquilo y poco transitado.
  • El número ideal de bandejas a tener es n+1, siendo n el número de gatos que hay en la casa.
  • Hay muchas variedades de sustrato, y se puede probar cuál prefiere cada gato en concreto, pero en general preferimos la arena no perfumada, aglomerante y fina.
  • Una de las causas más frecuentes de aversión a la bandeja es la falta de limpieza. La tolerancia de cada gato varía, pero debería limpiarse de residuos 1 ó 2 veces al día, y cambiar con frecuencia la arena al completo, dependiendo del tipo de arena y número de gatos.

Acerca de Ruah

Psicóloga, psicoterapeuta, máster en etología y bienestar del animal de compañía
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